martes, 16 de febrero de 2016

Parábola de la visita de un Gran Rey a una de las ciudades de su reino

Parábola de la visita de un Gran Rey a una de las ciudades de su reino
Un Rey muy Sabio, Rico y Poderoso, y que tiene dominio sobre todos los pueblos que están sobre la tierra, propuso en su corazón visitar a una de sus ciudades. El deseo de su visita se motivó a que sus moradores angustiados habían estado clamando para que les ayudara a salir de la grave crisis en la cual la habían sumido hombres injustos y sin conocimiento Sal 74:12 que la habían estado gobernando por casi cuatro décadas Éxo 3:7. Algunos hombres valientes intentando resolver la crisis por sus propios medios, se rebelaron contra los gobernantes, pero en su intento asesinaron a muchos inocentes, fracasando dos veces en su propósito.
A petición de los moradores de la ciudad que le habían estado clamando, el Rey propuso un nuevo jefe al que dio sabiduría para que fuera él quien solucionara todos sus problemas Ecl 7:19, 1Re 4:29. Como en aquel lugar acostumbraban elegir a sus jefes por elección popular, el Rey inclinó el corazón de la mayoría del pueblo para que eligieran por jefe a aquel que él había escogido. Habiendo tomado su lugar el nuevo jefe, el Rey dio muchas riquezas a aquella ciudad Deu 8:17-20, las que el jefe tenía que administrar adecuadamente, tomando en cuenta los elevados principios de justicia que caracterizaban al Rey 2Sa 8:15. Para que el Rey afirmara el gobierno del nuevo jefe, este tendría que distribuir las riquezas de manera equitativa, dando a cada uno conforme a su necesidad, procurando dar solución a todos los problemas que aquejaban a los moradores de la ciudad, entre los cuales habían: pobres, enfermos, viudas, huérfanos y sobre todo mucha gente ignorante que desconocían al Rey y los valores de su reino 1Re 9:4-5.
En aquella ciudad había tres tipos de habitantes: unos pocos que conocían cómo era el Rey de exigente y por eso le servían con temor y reverencia. En mayor cantidad había otros que simpatizaban con el Rey, pero que no se preocupaban por entender cómo agradarle y servirle, y los demás que eran la mayoría, aborrecían al Rey. En vista de esta situación, el Rey para atender sus peticiones y librarlos de su angustia, estableció como condición que todos los moradores de la ciudad sin excepción (incluyendo al jefe), tenían que servir solo al Rey con temor y entendimiento Deu 13:4, instruyéndoles que no podían servir a otros dioses, pues a partir de aquel momento Él sería su Dios, Señor y Proveedor, por lo que dejó a algunos mensajeros para que les explicara de qué manera tenían que hacerlo Deu 18:17-19. No había excusa para enterarse de la voluntad del Rey, pues casi todas las familias de aquella ciudad tenían el Libro donde están registradas todas las Palabras del Rey y su voluntad para toda ciudad 2Ti 3:16-17, pues ya habían ocurrido hechos similares en otras ciudades en el pasado y estos hechos estaban registrados en este Libro Ecl 1:9-10.
Pasadas todas estas cosas, el Rey se fue a su morada, no sin antes bendecirlos con grandes riquezas, pues hizo los arreglos necesarios, para que aumentara el precio de un mineral negro que se daba abundantemente en aquella tierra que el Rey le había asignado a los moradores de la ciudad. Esto fue sorprendente, pues con la venta del mineral negro que el jefe y sus servidores hacían diariamente a otras ciudades, comenzaron a adquirir muchos bienes y servicios que sirvieron para dar solución a buena parte de los problemas que tenían los moradores de aquella ciudad 1Cr 29:11-13.
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